27/08/2020
La felicidad y la creación de contextos de bienestar hoy es una prioridad para las personas y para las empresas; las cifras y los indicadores reflejan su urgencia. Partamos de hacernos algunas preguntas. ¿Quién quiere ser feliz en la vida? ¿Quién es feliz en su trabajo? Según un informe de la Organización Mundial de la Salud, el 60% de la improductividad de los empleados se debe al mal manejo del estrés.
Un problema para las empresas, por ser causa de accidentes de trabajo, de solicitudes de incapacidad y de ausentismos.
Si consideramos que un tercio de nuestra vida la pasaremos trabajando, no es casual que 450 millones de personas en el mundo sufran un trastorno mental o de conducta (casi el 10% de la población mundial) y que alrededor de un millón de personas se suiciden por año.
Entonces la tercera pregunta debe ser, ¿Quién quisiera ser más feliz en su trabajo? 30 años atrás era impensable hablar de felicidad como prioridad en la vida, y menos aún en el entorno de trabajo. En aquel momento, si a alguien se le ocurría preguntar por la felicidad en el trabajo, seguramente las respuestas hubieran sido algo parecido a "si quiere ser feliz, vaya a su casa, acá vino a trabajar" o "No traiga sus problemas personales al trabajo".
Hoy, todavía quedan algunas secuelas de ese entonces, pero el entorno ha cambiado. Son varios los estudios que se han hecho en materia de felicidad desde el punto de vista científico. Universidades como Harvard, Pensilvania, MIT, entre otras, han apostado investigaciones sobre la materia.
De hecho, en Reino Unido la ha convertido en un asunto de Estado, al punto de que, en el año 2018, crearon el Ministerio de la Soledad, un mal que afecta al 14% de su población y genera más enfermedades que el tabaco.
Este nuevo escenario nos invita a impulsar prácticas y actividades disruptivas e innovadoras con visión holística, viendo a las personas de la organización como seres humanos tridimensionales, trabajando sobre las dimensiones físicas, cognitivas y emocionales.
Esto supone construir un mecanismo de escucha permanente; ya no alcanza con las encuestas de clima que muchas organizaciones aplican una o dos veces por año. Debemos asegurarnos de estar haciendo las preguntas correctas a las personas adecuadas, en el momento requerido, y actuar rápidamente en consecuencia.
Más que plan de carrera, un proyecto de vida
El concepto de Employee Experience ya quedó corto ante esta nueva normalidad. Se cayó el telón, quedaron al descubierto la nobleza y la miseria de las personas, y las compañías descubrieron que detrás de esa fachada corporativa solo había seres humanos reales e imperfectos.
Entonces, los profesionales de Recursos Humanos. deben desafiar todos los procesos y dejar de lado prácticas jurásicas que ya no tienen sentido. ¿De qué sirve redactar descripciones de puesto que no condicen con los roles reales, diseñar organigramas que nadie respeta, tomar encuestas de clima que no reflejan los verdaderos puntos de dolor de los equipos?
Deberán dejar de hablar de plan de carrera para comenzar a hablar de proyectos de vida, dejar de "reclutar" para atraer al talento y dejar de "retenerlo" para potenciarlo y acompañarlo.
Una persona feliz es una persona comprometida y apasionada de su trabajo.
Fuente: Mercado